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HOMENAJE A MANUEL ÁLVAREZ BRAVO

CRÍTICAS Y OPINIONES


Victoria Blasco. Manuel Álvarez Bravo en Cedros 66, 1983.

Xavier Moyseén

El reconocimiento adquirido mediante una labor que ha trascendido lo nacional, entre otros factores, ha hecho de Manuel Álvarez Bravo un artista clásico en el campo fotográfico. Él es por mérito propio un clásico mexicano.
Él es, el antecedente más firme que se localiza en México, en relación con la fotografía artística de expresión original.
En un país como México, tan lleno de contrastes en la fisonomía de su paisaje, Manuel Álvarez Bravo lo ha entregado en sus fotos, con la grandeza que le es inherente, pero también con serenidad y equilibrio. Como todo hombre que posee buen sentido de los valores de la mesura y la proporción, él ha evitado la violencia en las imágenes que ha retenido de los mexicanos; lo mismo del que habita en las grandes ciudades, que de aquél que mora en los villorrios más apartados del país. Nada morboso o superficial se encontrará en las fotos dedicadas a los temas de la muerte y el desnudo femenino; se piensa, ante ellas, que las ha tomado fríamente, despojado de todo tipo de sentimentalismos. Si para un artista clásico es condición indispensable el suprimir de sus obras lo superfluo, el mantener un cierto orden en sus composiciones y el guardar el equilibrio en los medios tonales expresivos, si eso es lo sustancial, no otra cosa es lo que se encuentra en las fotografías de este maestro.

Manuel Álvarez Bravo
Academia de Artes
México, 1980

Octavio Paz

En el arte de Manuel Álvarez Bravo, esencialmente poético en su realismo y desnudez, abundan las imágenes, en apariencia simples, que contienen otras imágenes o producen otras realidades. A veces la imagen fotográfica se basta a sí misma; otras se sirve del título como de un puente que nos ayuda a pasar de una realidad a otra. Los títulos de Álvarez Bravo operan como un gatillo mental: la frase provoca el disparo y hace saltar la imagen explícita para que aparezca la otra imagen, la implícita, hasta entonces invisible. En otros casos, la imagen de una foto alude a otra que, a su vez, nos lleva a una tercera y a una cuarta. Así se establece una red de relaciones visuales, mentales e incluso táctiles que hacen pensar en líneas de un poema unidas por la rima o en las configuraciones que dibujan las estrellas en los mapas celestes.

Instante y Revelación
Editado por Arturo Muñoz para FONAPAS
México, 1982

Susan Kismaric

El tema unificador de su obra es México y su gente. Desde los años cincuenta la fotografía de Álvarez Bravo ha sido mayormente una recapitulación de sus primeros temas –trabajadores que cargan objetos o un peatón visto apoyado contra una pared- y una exploración de estos temas renovada por el uso del color o de distintas técnicas de exploración. Al acudir de nuevo a esos temas iniciales (a veces después de cuarenta años) la cualidad perdurable del paisaje mexicano se hace evidente, lo mismo que la intemporalidad de ciertas actividades humanas.

Manuel Álvarez Bravo
The Museum of Modern Art, New York

Luis Cardoza y Aragón

Sensibilidad y enorme poder expresivo se concretan en sus obras. Justo, como todo prodigio, es que la fotografía –pasión de exactitud- adquiere el temperamento de las manos que la poseen, del ojo que le sirve de lazarillo. Máquina de fineza que mide el pulso de la luz hasta devenir órgano de su dueño. Y diálogos se entablan entre la luz y la sangre. Y este perfeccionamiento la eleva, en su docilidad de acero, a una soltura de pluma. En las fotografías de Álvarez Bravo – de las más bellas que conozco-, el testimonio irrefutable de la máquina exalta con su verdad un mundo que fue pueril hasta el instante anterior a su arribo. Me seducen sobre todo aquellas en que no hay arreglo, sino que divagando dentro de sí mismo las ha encontrado, de pronto, en la calle, en cualquier parte, y no como ilustración de su monólogo, sino como un poema que su monólogo no lograba alcanzar: ya solo, las ha liberado dentro de jaulas de luz. Su encanto reside en esas asociaciones inauditas, en esas relaciones establecidas entre los objetos y seres más distantes, más imposibles el uno al otro y que ya juntos constituyen constelaciones: ave y pez reunidos de improviso en la tromba. En las fotografías de Manuel Álvarez Bravo encontramos, sobre todo, lo que no estaba: lo que no era: lo puesto por él mismo, su evidente personalidad.

Galería de Exposiciones del Palacio de Bellas Artes
Catálogo de la exposición
México, 6 de marzo de 1935


Morhor

André Breton

Al ojear esos legajos de impresiones fugaces, como al percibir sobre el terreno ese deslave continuo, maquinal, esencialmente insensible, se dudaría de poder penetrar por semejante medio el alma del país. Es indispensable haber participado en ella desde la infancia y haber continuado interrogándola apasionadamente para poder revelarla toda entera. Esto ha conseguido Manuel Álvarez Bravo en sus composiciones de un admirable realismo sintético del que no conozco aquí ningún equivalente. Allí donde Manuel Álvarez Bravo se ha detenido, donde se ha parado para fijar una luz, un signo un silencio, es no solamente donde late el corazón de México, sino donde el artista ha podido presentir, con discernimiento único, el valor plenamente de su emoción.

Extracto del prólogo de André Breton
Catálogo Renou & Colle
México, 1939

Teresa del Conde

Podría decirse que su ojo es mucho más de esencias que de accidentes aunque son los accidentes los que ponen en relieve las esencias. A veces los motivos “accidentales” proliferan pero sucede que aunque lo fotografiado se encuentre saturado de elementos, él se encarga de orquestarlos de modo que las proliferaciones se someten a estructuras básicas que las contienen, tal y como sucede por ejemplo con la exaltada saturación formal de ciertas configuraciones barrocas que examinadas de cerca son exacerbadas y vistas en conjunto se advierte en ellas su complejo apuntalamiento producto de la más ortodoxa geometría.

Mucho Sol Manuel Álvarez Bravo
Fondo de Cultura Económica
México, 1989

Diego Rivera

Manuel Álvarez Bravo es un hipersensible de mentalidad incisiva y profunda, abierta a toda experiencia y propicia a toda inquietud.
Cuando sintió necesidad de expresarse en la plástica, no fue por accidente que escogió la fotografía como medio. La técnica rigurosa y precisa de ésta era sin duda aquella que menos amenazaba interponerse entre su sensibilidad y la obra.
Por eso, la poesía discreta y profunda, la ironía desesperada y fina, emanan de las fotos de Manuel Álvarez Bravo.
Establece analogías de formas ricas de toda pureza plasticoemocional. Sabe dar a la imagen producida a través de la cámara un exacto valor del sueño, con una materia enteramente desprovista de grandilocuencia y pomposidad.
Con limpia sobriedad de elementos, sin violencias de línea, sombra o luz: sin gestos de miembros o visajes, dentro del entrañable envoltorio de hilachos que cubren la vida, expresa toda la lucha y las tragedias de clase de los años y los días.

Sociedad de Arte Moderno, 1945
Catálogo de la exposición


Comentarios en su centenario


Carlos Fuentes

Es un artista y sabe que no hay belleza sin forma, pero también que la forma de la belleza depende del ideal de una cultura. Él trasciende el dilema: No hay belleza sin mirada.

Periódico Reforma
5 de febrero de 2002


Carlos Monsiváis

Cada foto de don Manuel es un aniversario que demanda un festejo. Pensar desde las imágenes, convertir lo común en lo desconocido, captar lo que es por esencia y que sólo en una segunda estancia es simbólica. Profundizar en la capacidad admirativa de lo real y lo subreal, hacernos consientes de nuestro desconocimientos de lo evidente, poner de relieve que, sin la decisión de asombro, todo es sorpresivo y a fin de cuentas invivible.

Periódico Reforma
5 de febrero de 2002

Manuel Felguérez

Tengo amistad con Manuel Álvarez desde hace 40 años, o más, pero desde que yo empecé él ya era importante y siempre admiré su constante búsqueda, su invención y transformación. Uno va viendo a través de su fotografía cómo va cambiando el tiempo mexicano y la estética

Periódico Reforma
5 de febrero de 2002




Mariana Yampolsky

No cabe duda que hay imágenes que quedan en la memoria y que Manuel tiene la suerte de que por lo menos una que otra imagen –no se puede pedir más-, ya está en esta memoria; muy pocos artistas logran algo así. Es el padre de la fotografía mexicana y nos da mucha alegría que haya llegado tan bien a los 100 años y que se puede ver aquí en el Palacio de Bellas Artes.

Periódico Reforma
5 de febrero de 2002


Sebastian Salgado

Toda la América Latina lo esta celebrando, porque no cabe duda de que es el padre de la fotografía Latinoamericana. Fue increíble ver a la gente del pueblo festejando a este hombre. Creo que no había visto nada parecido.

Periódico Reforma
5 de febrero de 2002


Victoria Blasco, Manuel Álvarez Bravo, María Elena Blanco, Emma Cecilia García

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