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HOMENAJE A MANUEL ÁLVAREZ BRAVO

PASAJES DE SU VIDA

Nace en la Ciudad de México el 4 de febrero de 1902, siendo el quinto de ocho hermanos de una familia humilde. Abandonó la escuela a los 13 años para trabajar y ayudar a sus padres. Fue contador en la Secretaría de Hacienda y trabajador de una fábrica de hilados, pero con el correr de los años y las exigencias del tiempo vio que tenía que prepararse más. Toma cursos libres por las noches de literatura, de música y de pintura en la Academia de San Carlos, donde fue profesor de fotografía en 1931. También estudió medicina homeopática, pero ejerció poco (como en todo, decía Don Manuel).

La relación con la fotografía la establece desde su abuelo, quien era retratista, y con el padre, que también era aficionado. Su primer acercamiento lo realiza gracias a dos compañeros de la escuela: uno de apellido Martínez, cuya familia se dedicaba a comprar cosas al Monte de Piedad y se quedaban con las cámaras fotográficas; así es como empieza a tomar sus primeras fotos, fascinado porque esta disciplina no le quitaba tiempo, no se necesitaban estudios y era muy fácil (con el tiempo opina lo contrario) y, el otro, fue Luis Ferrari, hijo del arquitecto que construyó el Chopo y amigo del fotógrafo alemán Hugo Brehme. Gracias a sus relaciones, obtiene su primer trabajo dentro del ambiente fotográfico, con su maestro Brehme quien es su más grande influencia. En esta chambita imprimía postales, preparaba los líquidos, secaba las fotos y, sobre todo, observaba.

La revista que leía era The Amateur Photographer, para aprender la técnica y es en la revista Forma cuando conoce la obra de Tina Modotti y de Weston. En 1928, lo invita Carlos Mérida a participar en la que fue una de las más importantes exposiciones de fotografía para México y el mundo. Se llevó a cabo en el Teatro Nacional, hoy Palacio de Bellas Artes de México, y fue llamada Primer Salón Mexicano de Fotografía. Entre los artistas participantes estaba Tina Modotti. El ser miembro, representaba un paso decisivo en la carrera de Don Manuel, ya que lo colocaba a la altura de los demás artistas; pero no solo eso, ya que fue uno de los más nombrados e interesantes de la muestra. Otra gran oportunidad fue el haber presentado su obra en la revista Contemporáneos, donde aparecían Tamayo, María Izquierdo, Agustín Lazo, Julio Castellanos y Carlos Mérida, entre otros, colocándose junto a los artistas más reconocidos y dándole mayor importancia a la fotografía que todavía se encontraba rezagada.

En 1927 conoció a Tina Modotti, quien lo acercó a los muralistas del momento. Cuando Tina fue expulsada de México, en 1930, recibió el encargo de continuar con el trabajo que ella venía realizando: fotografiar los murales y tomar fotos para la revista Mexican Folkways.

En 1931, gana el concurso La Tolteca, evento muy importante en el que destaca su fotografía en la que denota el momento de entre guerras por el cual se pasaba y un realismo crudo en una fría arquitectura rural, dentro de un ambiente abastracto totalmente innovador para su momento, porque con tan solo unas líneas simétricas y el perfecto manejo de la luz, transporta la mente a la cementera.

En 1935, expone con Cartier Bresson, el mejor fotógrafo francés y uno de los más destacados e importantes del mundo, en el Palacio de Bellas Artes en México.

Otro evento que provocó que se nombrara a Alvarez Bravo en todo el mundo, fue la invitación de André Breton para el cartel de la muestra de Mexique de Paris, en 1939, en donde causó gran polémica con su imagen de una mujer que mostraba su sexo, la cual fue prohibida. Alvarez Bravo mandó otra, bajo los parámetros surrealistas y las indicaciones de Breton, por lo que fue criticado. Los dos se identificaban, sobre todo por el manejo de la vida y la muerte. Posteriormente expone en Nueva York y Chicago, entre otros lugares, convitiéndose en uno de los artistas más destacados y nombrados de México.

Fue amigo de Tamayo y Diego Rivera, con quien recorrió la República, compartiendo el ojo y la preocupación por el indígena. Para Diego, la obra de Alvarez Bravo era: sensibilidad finísima, ternura profunda y humanismo social.

Así, con su cámara Graflex, alemana, sustituida más adelante por una Century Master 25, recorrió México capturando lo más profundo de las raíces y mostrando una poesía dentro de la cotidianidad. Visión que lo llevó a distinguirse entre los grandes y a ser respetado por los demás artistas y amigos.

Premio Nacional de Artes en 1975, Académico de Número de la Academia de Artes de México, Creador Emérito nombrado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y coleccionista de arte por pasión, es Manuel Alvarez Bravo.

Nuria Lagarde


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