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Esta propuesta museográfica exhibe: la fundación, esplendor y caída de la antigua Tenochtitlán, las alternativas para subsistir en la caótica urbe moderna, además de trasladar a los visitantes en un recorrido fotográfico en la vida cotidiana-nocturna del Distrito Federal.
Considerada, hace años, la ciudad ubicada en la región más transparente -título a la obra de Carlos Fuentes- el Distrito Federal exhibe contrastes y similitudes entre una diversidad poblacional, migrante o no.
La fundación de la ciudad en un valle pleno de lagos, los sucesos históricos -prehispánico, colonial y moderno-, geográficos, políticos y el devenir de la sociedad se entretejen -conforme los visitantes pasan de una sala a otra del museo-con la vida subterránea: la problemática sísmica, el uso y distribución del agua, las redes de tuberías para luz, teléfono, drenaje y el Metro como sistema de transporte.
El entorno capitalino también es mostrado mediante videos, maquetas, fotografías, litografías, murales, planos y pinturas. Los visitantes al recinto histórico también observarán una estructura que simula el drenaje y el abastecimiento del vital líquido.
Todo lo anterior a través de cinco salas llamadas: Tláloc, Con los pies en el valle, Ciudad que no duerme, México, el ombligo de la luna y 46 veces.
Los oficios, nombres de calles y avenidas, el Zócalo, gobernantes, personajes populares, volcanes, inundaciones, movimientos político-sociales y zonas arqueológicas, entre muchos más aspectos remitirán al espectador al gran mundo que es la capital de la República.
Además en este recinto que algun día se conoció como el ex palacio del virrey de Calimaya, se puede consultar el centro computarizado de información, donde se ofrecen todos los datos para un acercamiento profundo al Distrito Federal.
El capitalino, defeño o el chilango -según se considere cada quién- se mirará en su propio espejo durante la exposición, con la que el Distrito Federal celebra 180 años como entidad federativa.
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