MARIANA
YAMPOLSKY, UN LEGADO MÚLTIPLE
Mariana
mantuvo un ritmo febril como fotógrafa y promotora
cultural; nada parecía distraerla de su cometido, salvo
en los últimos años, cuando ciertos momentos
de duda hacían tambalear su confianza en las estructuras
culturales del país, producto de la merma general de
recursos institucionales y desinterés de la iniciativa
privada por corresponsabilizarse en la formación de
colecciones nacionales. Asimismo, le inquietaba la incuria
a que eran sometidas algunas manifestaciones significativas
del patrimonio cultural, como el llamado arte popular, o la
venta al extranjero de bibliotecas y colecciones fotográficas,
y la insistencia foránea por adquirir sus archivos.
El destino de su propio trabajo acabó por obsesionarla
y, de manera circular, se preguntaba cómo traspasar
su legado al pueblo que eligió como propio.
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Si
bien la artista carecía de los fondos necesarios para
establecer un fideicomiso privado, tampoco consideraba seguro
este modelo, inscrito en la inestabilidad globalizada. De
la misma manera, recelaba de los patrones establecidos por
la tutela estatal, cada vez más erosionados. Sólo
la voluntad y el afecto de un puñado de familiares
y amigos permitiría ensayar una forma alterna de cesión
patrimonial, la asociación civil, entre cuyos retos
mayúsculos se consideró asegurar la autonomía
del proyecto y la integración de los miembros a futuro.
Tras
una serie de reuniones previas, al finalizar el año
2001 quedó formalmente establecida la Fundación
Cultural Mariana Yampolsky, A.C.*, como mediadora y conservadora
del partimonio que la fotógrafa y su compañero
de vida, Arjen van der Sluis, generosos entregaban a México.
La Fundación velaría asimismo por la defensa
de los derechos autorales, la integridad de los fondos y su
empleo sólo para fines culturales, humanitarios, educativos
y de recreación. Fue entonces cuando, en medio de nuevas
interrogantes, Mariana halló algo de sosiego. El proyecto
se configuró alrededor del viejo sueño de conservar
el legado en su casa, transformada también en refugio
de la memoria de otros fotógrafos. Quizá quería
evitarles la cuota de incertidumbre que tanto la agobió.
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En
realidad se trataba de dos casas en el corazón de Tlalpan,
separadas por un pequeño jardín, tan indomable
como su dueña. La casa-estudio que diseñó
para sí, con base en el saber acumulado por su contacto
con la arquitectura vernácula; y la antigua casona,
reconstruida como habitación materna, a partir de una
estructura decimonónica cuyo valor artístico
deriva de su asociación con el zapatismo. La idea era
establecer, a futuro, un espacio en el sur de la ciudad dedicado
a la fotografía y a las nuevas mediáticas, con
una biblioteca de investigación y una buena concentración
de fondos documentales de autores diversos. Acogería,
además, a investigadores y artistas en estancias breves.
Mariana consideró también hermanar el lugar
con instituciones afines, e integrar terminales en línea
para la consulta informatizada de los archivos nacionales.
foto:
Alicia Ahumada |
En
esas casas quedarían el archivo de negativos fotográficos
de Mariana, que quizá sobrepasa las cincuenta mil tomas,
su biblioteca, sus documentos personales, su pequeño
acervo de grabados, y las obras que los compañeros
de trabajo más entrañables, como Leopoldo Méndez
y Pablo O´Higgins, le dedicaron. Archivo de inmenso
valor patrimonial, pues la artista registró, acuciosa,
medio siglo de mutaciones dramáticas en la vida de
los sujetos sin historia, pero en los cuales el país
pretende fundar su indentidad.
La fotógrafa sabía que su propio archivo fotográfico
no le pertenecía del todo, era memoria de otros y debía
permanecer en México. Es el caso de sus repertorios
de arte popular, reunidos más por el asombro que por
un mero afán o por criterios de taxonomía etnográfica;
selección de objetos marcados por una aguda visión
plástica cargada de ironía.
foto:
Lola Álvarez Bravo |
Mariana
Yampolsky se inscribe en una añeja tradición
de artistas donantes, figuras aisladas cuyo gesto destaca
como cimiento del patrimonio nacional, frente a la timidez
del esfuerzo corporativo e institucional. Por su parte, la
Fundación Cultural Mariana Yampolsky recibe un legado
complejo, con el reto de mantenerlo en las mejores condiciones
de conservación y registro, sin abandonar la labor
editorial de esta artista, pues varias publicaciones quedaron
esbozados en carpetas con cientos y, a veces, miles de fotografías
dedicadas a sus investigaciones sobre la realidad mexicana.
Lo
que México recibe ahora es sólo la continuación
de lo que Mariana Yampolsky entregó a lo largo de su
existencia productiva. Y no me refiero a la creación
de un lenguaje propio desde el pequeño reducto del
visor de la cámara fotográfica, sino a su actividad
divulgadora de la gran tradición artística y
cultural de México, y a la profunda huella educativa
que dejó, pero que de tan discreta y cotidiana, olvidamos.
FRANCISCO
REYES PALMA
Presidente
Fundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C.
foto:
Alberto Beltran |

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La Fundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C., es una
asociación civil no lucrativa, cuyos miembros fundadores
son Mariana Yampolsky (1925-2002), Arjen van der Sluis, Antonio
Bolívar Goyanes, Emma Cecilia García, Laura
González Flores, Adriana Konzevik, David Maawad, Francisco
Reyes Palma (presidente). Como asociados activos se incorporaron
Alicia Ahumada, Rosa Casanova y Rebeca Monroy; en calidad
de asociados honorarios, Alfredo López Austin y Elena
Poniatowska.