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HOMENAJE A MARIANA YAMPOLSKY
(1925 - 2002)
Primer Aniversario
Mayo 3, 2003


MARIANA YAMPOLSKY, UN LEGADO MÚLTIPLE

Mariana mantuvo un ritmo febril como fotógrafa y promotora cultural; nada parecía distraerla de su cometido, salvo en los últimos años, cuando ciertos momentos de duda hacían tambalear su confianza en las estructuras culturales del país, producto de la merma general de recursos institucionales y desinterés de la iniciativa privada por corresponsabilizarse en la formación de colecciones nacionales. Asimismo, le inquietaba la incuria a que eran sometidas algunas manifestaciones significativas del patrimonio cultural, como el llamado arte popular, o la venta al extranjero de bibliotecas y colecciones fotográficas, y la insistencia foránea por adquirir sus archivos. El destino de su propio trabajo acabó por obsesionarla y, de manera circular, se preguntaba cómo traspasar su legado al pueblo que eligió como propio.

Si bien la artista carecía de los fondos necesarios para establecer un fideicomiso privado, tampoco consideraba seguro este modelo, inscrito en la inestabilidad globalizada. De la misma manera, recelaba de los patrones establecidos por la tutela estatal, cada vez más erosionados. Sólo la voluntad y el afecto de un puñado de familiares y amigos permitiría ensayar una forma alterna de cesión patrimonial, la asociación civil, entre cuyos retos mayúsculos se consideró asegurar la autonomía del proyecto y la integración de los miembros a futuro.

Tras una serie de reuniones previas, al finalizar el año 2001 quedó formalmente establecida la Fundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C.*, como mediadora y conservadora del partimonio que la fotógrafa y su compañero de vida, Arjen van der Sluis, generosos entregaban a México. La Fundación velaría asimismo por la defensa de los derechos autorales, la integridad de los fondos y su empleo sólo para fines culturales, humanitarios, educativos y de recreación. Fue entonces cuando, en medio de nuevas interrogantes, Mariana halló algo de sosiego. El proyecto se configuró alrededor del viejo sueño de conservar el legado en su casa, transformada también en refugio de la memoria de otros fotógrafos. Quizá quería evitarles la cuota de incertidumbre que tanto la agobió.

En realidad se trataba de dos casas en el corazón de Tlalpan, separadas por un pequeño jardín, tan indomable como su dueña. La casa-estudio que diseñó para sí, con base en el saber acumulado por su contacto con la arquitectura vernácula; y la antigua casona, reconstruida como habitación materna, a partir de una estructura decimonónica cuyo valor artístico deriva de su asociación con el zapatismo. La idea era establecer, a futuro, un espacio en el sur de la ciudad dedicado a la fotografía y a las nuevas mediáticas, con una biblioteca de investigación y una buena concentración de fondos documentales de autores diversos. Acogería, además, a investigadores y artistas en estancias breves. Mariana consideró también hermanar el lugar con instituciones afines, e integrar terminales en línea para la consulta informatizada de los archivos nacionales.


foto: Alicia Ahumada

En esas casas quedarían el archivo de negativos fotográficos de Mariana, que quizá sobrepasa las cincuenta mil tomas, su biblioteca, sus documentos personales, su pequeño acervo de grabados, y las obras que los compañeros de trabajo más entrañables, como Leopoldo Méndez y Pablo O´Higgins, le dedicaron. Archivo de inmenso valor patrimonial, pues la artista registró, acuciosa, medio siglo de mutaciones dramáticas en la vida de los sujetos sin historia, pero en los cuales el país pretende fundar su indentidad.

La fotógrafa sabía que su propio archivo fotográfico no le pertenecía del todo, era memoria de otros y debía permanecer en México. Es el caso de sus repertorios de arte popular, reunidos más por el asombro que por un mero afán o por criterios de taxonomía etnográfica; selección de objetos marcados por una aguda visión plástica cargada de ironía.


foto: Lola Álvarez Bravo

Mariana Yampolsky se inscribe en una añeja tradición de artistas donantes, figuras aisladas cuyo gesto destaca como cimiento del patrimonio nacional, frente a la timidez del esfuerzo corporativo e institucional. Por su parte, la Fundación Cultural Mariana Yampolsky recibe un legado complejo, con el reto de mantenerlo en las mejores condiciones de conservación y registro, sin abandonar la labor editorial de esta artista, pues varias publicaciones quedaron esbozados en carpetas con cientos y, a veces, miles de fotografías dedicadas a sus investigaciones sobre la realidad mexicana.

Lo que México recibe ahora es sólo la continuación de lo que Mariana Yampolsky entregó a lo largo de su existencia productiva. Y no me refiero a la creación de un lenguaje propio desde el pequeño reducto del visor de la cámara fotográfica, sino a su actividad divulgadora de la gran tradición artística y cultural de México, y a la profunda huella educativa que dejó, pero que de tan discreta y cotidiana, olvidamos.

FRANCISCO REYES PALMA
Presidente
Fundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C.


foto: Alberto Beltran

* La Fundación Cultural Mariana Yampolsky, A.C., es una asociación civil no lucrativa, cuyos miembros fundadores son Mariana Yampolsky (1925-2002), Arjen van der Sluis, Antonio Bolívar Goyanes, Emma Cecilia García, Laura González Flores, Adriana Konzevik, David Maawad, Francisco Reyes Palma (presidente). Como asociados activos se incorporaron Alicia Ahumada, Rosa Casanova y Rebeca Monroy; en calidad de asociados honorarios, Alfredo López Austin y Elena Poniatowska.

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